CON EL AGUA AL CUELLO

17 Dic

Todavía quedaban un par de meses para el viaje, y dormía plácidamente en mi cama, cuando de pronto, un ruido interrumpió mi sueño. Al despertar, oí como alguien aporreaba la puerta. Sin embargo, no podía imaginar que llamasen a esas horas, y quise pensar que era en casa de algún vecino. Así que intenté seguir durmiendo.

Al cabo de un rato, los golpes me asaltaron de nuevo, y decidí por fin levantarme a ver de qué se trataba.

Bajé de la cama, andé dos pasos y empecé a pisar agua. ¡No me lo podía creer! Toda la casa estaba inundada. ¿Qué había podido ocasionar tal desgracia? Yo solo quería pensar que no se tratase de un despiste.

Dí al interruptor para encender la luz, pero no funcionaba y me dirigí rápidamente hacia la puerta. Al abrirla, un equipo de bomberos se abalanzaron rápidamente hacia la entrada buscando el motivo de la fuga, mientras que un grupo de vecinos cotilleaba desde el rellano.

–¿Estás bien? Creíamos que te había pasado algo–me dijo preocupada la vecina del tercero.

Y ahí estaba yo plasmada ( como dicen los de gandia-shore) en la puerta y seamos sinceros, con el pijama más ridículo que te puedas echar a la cara.

De pronto reaccioné y viendo el marrón que tenía encima, comencé rápidamente a secar la casa. Primero toallas, luego cubos y más tarde con la fregona, pude finalmente con ayuda, dejar la casa en condiciones.

El fontanero que vino del seguro me dijo que la causa de la fuga había sido: “una fisura en el latiguillo del agua caliente”. Es curioso que no sabemos qué es, ni dónde está algo, hasta que se ve involucrado en un acontecimiento de estas circunstancias.

¿Y os preguntaréis cómo afecta esto a mi viaje?

Pues muy sencillo. Puesto que los trámites para que te cubra el seguro los desperfectos son tan lentos y ha habido tantos afectados: casa de la derecha, casa de abajo y ascensor. Dos semanas después de la inundación ya han pasado por el edificio: peritos, carpinteros, especialistas en parqués, técnicos del ascensor y pintores. Y sin embargo, sigo aún con el suelo levantado, la pared con humedades y los muebles hinchados.

Así que, hasta que no esté arreglada la casa, no puedo enseñarla. Y si no la enseño, no la alquilo. Y si no la alquilo, no me voy. Por lo que sigo sin comprar el billete a la India.

inundación

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6 comentarios to “CON EL AGUA AL CUELLO”

  1. letiolcese diciembre 17, 2012 a 1:37 pm #

    vaya putadón picurrella……

    • laurapicu diciembre 17, 2012 a 10:45 pm #

      Ya te digo…

      • Pontxo diciembre 18, 2012 a 9:33 am #

        Llama al Cuev, él sabrá que hacer…

      • laurapicu diciembre 18, 2012 a 4:01 pm #

        jaajajajaja ¡seguro! 🙂 me parto…

  2. Ana G. Moya diciembre 20, 2012 a 10:29 am #

    Anduve Puci, anduve….
    Un besote

  3. Luis! diciembre 26, 2012 a 4:11 pm #

    Por un momento pensé que iba a ser una fantasía con bomberos en plan “resbalé y mi pijama blanco quedó completamente mojado…”

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