BUSINESS IS DIFFERENT

6 Feb

business

Después de pasar el control de pasajeros, fui directa a la zona vip del aeropuerto. Era la primera vez que estaba, y como buena española tenía que amortizar el buffet, aunque hubiera ya desayunado en casa.

Ensaimadas, croissants, muffins, donuts, tostadas, sandwiches, yogures, tortilla; eran entre otros, muchos de los productos que tenía a mi disposición en un completo self service. Así que me cogí un donut de chocolate, una muffin y un zumo de naranja y puesto que la sala contaba con wifi, me senté a enviar mis últimos whatsapp.

Allí no era necesario estar pendiente de tu vuelo, ya que te avisaban unas azafatas. Y después de preguntarles dos veces por qué aún no me habían llamado, me dijeron que el avión a Dubai iba con retraso. Bueno, tampoco tenía ninguna prisa, pensé. Además tenía una gran variedad de revistas y prensa, así que me cogí la Glamour y el País a fin de matar mi tiempo, y aproveché también para hacer las últimas llamadas.

De pronto me avisaron de que ya podía dirigirme a la puerta de embarque. Al llegar a la gate correspondiente descubrí que los de business y first class íbamos por una puerta diferente.

Filas de tan solo dos asientos, mantas, toallas, antifaz, baño exclusivo, televisión individual, menú a la carta, champagne…

Los primeros veinte minutos antes de despegar me los pasé probando las diferentes posiciones del asiento, paseando de un lado para otro y haciendo fotos. Como me dijo una amiga “todo el mundo sabe que es la primera vez que viajas en business”. Era cierto, estaba encantada y no podía disimularlo.

Así que, como podréis imaginar, las 7 horas aproximadas que duró el vuelo se me pasaron rapidísimas. Pero como si se tratara de un jarro de agua fría, de pronto el comandante dijo la hora en el destino. La previsión de llegada a Dubai era a las 0:15, pero era la 1:30 y aún estábamos aterrizando. En ese momento supe que iba a tener problemas para hacer la conexión a las 2:00 , y no me equivocaba.

Todo el relax que tenía lo dejé en el lujoso asiento y al llegar a Dubai, comencé a correr por el aeropuerto. De pronto antes de llegar a la puerta de control la mujer que revisaba las tarjetas de embarque me dijo que me dirigiera al mostrador de Fly Emirates a por otro billete, porque ya no podía coger el avión, así que me resigné e hice lo que me decía.

Sin embargo después de 10 minutos esperando en la cola a que me atendieran, me empecé a desesperar y fuí otra vez a hablar con ella. Resulta que se había equivocado al mirar el billete y sí me daba tiempo. -¡Run!-me dijo. No me lo podía creer. Otra vez a correr, y por que le había preguntado, sino allá que me quedo. Por fin y después de recorrer pasillos, coger ascensores, subir por escaleras mecánicas e incluso montar en un trenecito, conseguí llegar a la puerta de embarque. Gimkana completada.

A pesar de la taquicardia con la que subí al avión, las comodidades con las que contaba consiguieron que volviese a relajarme. Ya estaba de nuevo volando, aunque esta vez al destino final: Chennai.

Así que el sábado, a las 8,30 de la mañana estaba poniendo mi primer pie en suelo indio. Y al salir del aeropuerto entre cientos de indios una manita blanca asomaba dándome la bienvenida.

¡No os perdáis mi próximo post en el que os hablaré de lo que he estado haciendo en mis primeros días aquí!

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