UN TROCITO DE PARAISO INDIO

3 Abr

Si creíamos que en la India todo era ruido y suciedad, Kerala nos ha demostrado que estábamos equivocados.

Para ser sinceros, no sabía ni que Kerala existía, y ahora es un destino que voy a recomendar fervientemente a todo aquel que me visite.

Kerala por aquí, Kerala por allá, me voy a repetir más que el Masala, y que no se acabe convirtiendo en mi Berlín de la India y me haga un tattoo. Tiempo al tiempo, por que si de normal soy pesada, cuando algo me gusta…

La única pega que le pongo al viaje es que pagamos por adelantado el mismo hotel para las tres noches. Y eso suposo invertir muchísimo tiempo en la carretera yendo y volviendo de cada excursión. Así que cuando vuelva alguna vez con más tiempo, a visitar todos los sitios que me he dejado (Periyar, Kovalam, Varkala..), escogeré una ruta para dormir cada día en el lugar que toque visitar, aunque esto suponga ir con la maleta a cuestas. ¡Ni que en tiempos mejores no hubiésemos sido mochileros!

Puesto que el viernes era Good Friday (viernes Santo), el día anterior, al salir Víctor del trabajo fuimos directos al aeropuerto. Directos directos, en plan que Víctor se cambió de ropa en el coche.

Así que, el jueves sobre las diez de la noche estábamos llegando a nuestro hotel, Sea Line, situado a aproximadamente 30 km del aeropuerto y unos 40 de Cochí. Un hotel rústico con pocos lujos, excepto por la excelente comida y la situación en primera línea de playa. Quizá demasiado alejado de la civilización, pero perfecto para relajarse.

La primera noche, cenamos en la terraza del hotel, embelesados por la belleza del mar y el ruido de las olas. En Chennai también hay playa, pero para que hablar…

Por la mañana, después de darnos un baño en el mar a las 7 de la mañana, y ponernos hasta arriba de desayuno, emprendimos el camino a Munnar.

Lo sorprendente del baño matutino, fue que mientras que nosotros nos adentrábamos en la playa con orgullo y satisfacción por haber sido capaces de madrugar en día festivo, un grupo de indios se dedicaba a coger los cangrejos y peces que las olas sacaban a la superficie.

La vida que había en esa playa a las siete de la mañana, era lo equivalente a Metro madrid en hora punta. ¡Es broma! pero de verdad que me sorprenden su horarios. Se acuestan muy pronto y madrugan muchísimo. Aunque a juzgar por la hora a la que amanece, deberíamos adoptarnos todos a esa costumbre.

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Después de tres horas de viaje para recorrer 130 km por una carretera del infierno, por fin llegamos a Munnar. De verdad que yo no se como lo hago, pero soy capaz de dormirme en los sitios más inverosímiles ( esto podría ser otro post), y gracias a ello, me pasé más de medio viaje durmiendo.

Puesto que el principal atractivo de Munnar son las plantaciones de té, tuvimos aún que recorrer otra rica horita en coche, hasta lo alto de la montaña. Pero valió la pena, por que el paisaje era alucinante, y la temperatura un poquito más baja.

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También había un embalse muy bonito, por el que pretendíamos dar una vuelta en lancha, pero después de esperar más de media hora a que nos tocase el turno, nos marchamos.

A los indios les encanta hacerse fotos, y como no saben nadar, parece que el hecho de subirse a una barca es una aventura para ellos, así que que había que verles…, pletóricos. Un auténtico show.

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Tras comer en un puesto por 70 rs un delicioso arroz típico de la zona, dar una vuelta por las plantaciones, y subir al mirador, emprendimos el camino de regreso.

Le dijimos al conductor que nos dejara en Fort Cochí, así que lo que iban a ser casi 4 horas se convirtió en cinco. Una locura, de verdad. Demasiado tute, y encima tuvimos un poco de jaleo con el conductor a la hora de pagar.

Pero bueno, todo este cansancio/enfado, se nos olvidó con la cena. Hacía tiempo que no probaba algo tan delicioso como el pescado que nos cocinaron en un chiringuito al lado de la playa llamado Salt n Pepper. Eso sí, como suele pasar en este país, paciencia para que te atiendan, paciencia para que te sirvan… Además la luz se fue mientras estábamos cenando. Jajaj. Aunque este tipo de cosas, de las que uno se queja, son las que hacen de este país, un lugar extraordinario.

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Uno de los chavales, socios del chiringuito, llamó a un amigo suyo tuctuquero para que nos llevase de vuelta al hotel. Y tardamos alrededor de una hora en regresar, poniendo el punto final al día más intenso que he vivido desde que estoy aquí.

Tan intenso, que el sábado me levanté un poco malita, y relajamos bastante la marcheta del día anterior. Mañana de playa y masaje ayurvédico en Cherai, y tarde-noche de teatro de folklore y cena en Fort Cochí.

Como aquí les encantan la medicina natural, el médico del hotel me dio unas semillas con sabor anisado para la garganta, que tienen un efecto opiaceo. Por que calmar, calman. Pero curar lo que es curar, no curan. Así sigo yo enferma cinco días después.

Para el masaje ayurvédico te dejan en pelota picada con una especie de taparrabos-chochero de papel, y te restriegan aceite desde la cabeza a los pies. Por eso a Víctor se lo dio un hombre y a mí una mujer, sino eso podía haber acabado como el rosario de la aurora :-).

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Y del folklore popular, mejor no hablar. Por que al ser tan diferente no sabemos apreciar este arte. Tendría que haber grabado el baile “erótico” basado en movimientos de cejas..,lamentable.

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Después de un día de lo más relajado, llegó el domingo y de madrugada abandonamos el hotel para viajar a los Backwaters. Habíamos contratado una excursión que salía desde Fort Cochí a las ocho, así que a las 6,45 h ya teníamos a nuestro fiel amigo  recogiéndonos con su tuc-tuc.

Y como no, de los ocho guiris que íbamos en la furgoneta, tenía que haber una española. Si es que Dios nos cría y nosotros nos arrejuntamos.

Así que entre palique y palique con la cordobesa y la argentina; viajamos en canoa;visitamos unas aldeas donde nos enseñaron la producción de cuerda a través de la fibra de coco, y el uso que le dan a determinadas plantas y especias; montamos en una casa flotante y comimos en mitad de la selva.

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Además, nos divertimos mucho tomando el pelo al guía, al que acabamos convenciendo para que se quitara el bigote y se hiciese cuenta en Badoo para ligar con europeas.

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La Lonely Planet dice que los Backwaters es una de las 10 maravillas de la India, y no se queda atrás. Palmeras salpicando el agua estancada, conforman un paisaje deslumbrante. Una visita imprescindible, para todo aquel que viaje al sur de la India.

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Así que al regresar a Cochí, después de esta magnifica excursión, tuvimos apenas tiempo de ir a tomarnos algo en el restaurante de nuestro nuevo amigo del Salt n Pepper, y coger un bus para el aeropuerto.

No sé si por el hecho de que sea un lugar muy turístico, pero en Fort Cochí era fácil encontrarse gente más extrovertida, moderna y guapa, que en el resto de lugares en los que hemos estado.

En resumen, Kerala ha sido una escapada espectacular, donde además de descubrir la belleza del lugar, nos hemos dejado conquistar por el encanto de sus gentes.

Kerala, no es un adiós, es un hasta pronto. ¡Volveremos!

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2 comentarios to “UN TROCITO DE PARAISO INDIO”

  1. Laurita abril 3, 2013 a 6:33 pm #

    Gente guapa? Que mamona eres!

    • laurapicu abril 3, 2013 a 7:23 pm #

      Sí Laura! jajaja Digamos que si estuviera soltera y tuviese que buscar chorbo en la India, volvería a Kerala.

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