¡UNAS NAVIDADES MUY FINAS…EN FILIPINAS!

11 Ene

Antes de aventurarme a hablar sobre lo maravillosas que son las Filipinas, debo reconocer que ni si quiera se me había pasado jamás por la cabeza pasar las vacaciones fuera de España. Hay gente que odia la Navidad, pero yo tengo una gran familia (en los dos sentidos de la expresión) y para mi las navidades son sagradas, y de hecho quiero que lo sigan siendo. Digamos que esta escapadilla ha sido la excepción que confirma la regla de “Navidad en familia”.

Incluso después de comprar los billetes estuvimos dudando entre ir o no a las Filipinas, pues fue cuando tuvo lugar el tifón y me sentía incómoda con la idea de ir de vacaciones a un país que estaba de luto. Pero algo me decía que quizá más que nunca necesitaban que fuésemos, ya que al ir no solo contribuíamos a la economía del país, si no que además esto me daba la oportunidad de colaborar activamente con los supervivientes del tifón.

Cuando esto se me ocurrió ya no había forma de quitármelo de la cabeza, así que me apresuré en realizar una colecta con Orfanatics, y gracias a todos los colaboradores conseguimos recaudar suficiente dinero para llenar una maleta de medicamentos.

Treinta kilos marcaba la báscula en el aeropuerto cuando íbamos a facturar. Víctor y yo nos miramos realmente acojonados pensando que nos iban a sacar hasta las muelas del juicio. Pero ¡no! “primera prueba superada”, pensé.

Subimos al avión, y después de más de cinco horas de viaje llegamos a Hong Kong, donde teníamos diez horas de escala que podíamos aprovechar para ver la ciudad.

No hace falta que os diga cuánto me gusta viajar, lo sabéis, y HKG me apetecía muchísimo, pero con la resaca que llevaba de la boda, el sueño acumulado de los días anteriores, el entumecimiento de piernas y entrepiernas por el láser, y el niño llorón del vuelo, lo que me remató fue el tiempo. Bueno, mejor dicho el mal tiempo. Aún así, llevando todas estas cruces conmigo, me envolví como una cebolleta con todas las capas que tenía, y salí a explorar la ciudad. Aunque la exploración consistió básicamente en coger el primer bus turístico que encontramos y dejarnos llevar. Y como era de esperar dadas las circunstancias, me fui de allí con mal sabor de boca.

Sin embargo cambié completamente de parecer cuando paramos a la vuelta. Entonces todo jugó a nuestro favor: estábamos descansados y hacía buen día. Así que pudimos patearnos el centro, embriagarnos de su esencia y comer los mejores Dim-sum de la ciudad.

Must´s en Hong Kong: coger el tram, visitar “Hollywood street” y alrededores ( el Soho), y comer dim-sum.

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Y volviendo al primer día (no os hagáis todavía el haraquiri que queda mucha historia), llegamos por la noche a Manila del único modo que podíamos llegar: desfallecidos. Sólo una cosa recuerdo que me hiciese sonreír a pesar del agotamiento y fue el momento en que vi aparecer la maleta, pues de verdad que no las tenía todas conmigo. Así que cargados con las mochilas a lo backpaker “de palo”, salimos del aeropuerto declarando que por supuesto nuestra gigantesca maleta no contenía medicamentos ( vete tú a saber si nos los habrían retenido). Víctor lo tenía claro. “Si nos registran, y nos preguntan por qué hemos mentido en el cuestionario, aquí nadie sabe inglés”…jajaja ¡menos mal!

Al día siguiente nos permitimos dormir hasta casi mediodía y fue entonces cuando mi contacto en Filipinas ( sé que suena a juego de espías, pero así era), nos vino a recoger al hotel junto con uno de los supervivientes del Yolanda. Y con ambos fuimos a repartir los medicamentos.

Visitamos primero un hospicio y después de dejar allí la mitad del contenido de la maleta, conocer personalmente a muchos de los allí habidos, sus situaciones y su modo de vida, nos marchamos en dirección al segundo lugar.

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Este último era un campamento de refugiados que había montado cerca de la base aérea militar de Manila. Allí, alrededor de ochenta personas sin familiares que les acojan, viven de momento hasta que encuentren trabajo y un lugar mejor donde vivir.

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Fue realmente una experiencia muy bonita poder ayudar a esta gente. Y aunque uno siempre podría hacer más (y yo en ocasiones me lo reprocho) pudimos al menos asegurarnos de que todo llegase a buen puerto, ya que nos informaron que allí llegan muchas donaciones que el gobierno confisca para después vender, y nunca llegan a manos de los verdaderos necesitados: los refugiados.

Manila es una ciudad en la que si vas dos días de turismo, te sobra uno. Puedes encontrar la misma pobreza, suciedad y tráfico que en la India, pero condimentada con una buena dosis de perversión en forma de drogas, juego y prostitución. No negaré que sucumbimos a los dos primeros, pues alguien había puesto un casino enfrente de nuestro hotel y el precio de las copas era de risa.

Ármate de valor y haz en un día lo que te propongo: coge un jeepney (bus-coche), visita Intramuros, prueba deliciosa comida filipina ( adobo) en el restaurante Aristokrat, pasa una tarde relajado en el Wensha Spa (donde contratando un pack por un precio irrisorio te puedes dar masajes, baños, descansar y comer), da un paseo por la bahía y acaba en el casino.

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Nosotros es más o menos lo que hicimos, además de irnos de compras y aún nos sobró tiempo.Y ya sabes lo que pasa cuando a uno le sobra el tiempo…¡se hacen tonterías! Así que nos metimos en una barbería y por menos de 10 euros nos cambiaron el look a los dos. ¡Vuelvo a tener 20 años! ¡bieeeen!

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¡Ah! Y no desaproveches todos los toiletries que te dan en el hotel, pues hay mucha gente en la calle a la que le viene de perlas.

El día 24 aterrizamos en Puerto Princesa (capital de Palawan). Llegamos sin saber muy bien cuán buena iba a ser nuestra Nochebuena. Por si encontrábamos un restaurante, me puse un vestidito, pero mira por donde, acabamos en el paseo de la playa comiendo pescado a la brasa con una ex pareja de filipinos.

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Y mira cuán bien se dio al final la noche que sin comerlo ni beberlo ( bueno, beberlo sí), terminamos en un karaoke. Pero no un karaoke al uso, se trataba más bien de una cabaña-karaoke lúgubre y desaliñada, donde alrededor de media docena de filipinos luchaba por sostenerse en pie. Nos podrían haber matado, sin embargo habríamos muerto cantando Sabina, riendo y con una cerveza en la mano. A la invitación de re-cena en casa de Melody (la chica filipina de la ex pareja), ya no sucumbimos.

Del día de Navidad poco puedo contar además de una deliciosa cena a base de cocodrilo en un restaurante llamado Na Kaito. Ya puedo hacer check en mi lista: ¡he probado el cocodrilo!

El día 26 ya más descansados fuimos a visitar el Parque Nacional del río subterráneo. Para llegar hasta allí sólo faltaría viajar por aire, porque por tierra y por mar ya lo haces. Encima a mi me tocó hacerlo aguantando a un alemán que no solo apestó toda la furgoneta, si no que encima tenía las narices (sin pituitaria) de quejarse de que hablásemos. Ni que yo hablara mucho, ¡acabáramos!. Pero bueno, aún con todo valió la pena.

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A la vuelta fuimos a cenar a un restaurante llamado La Terrase donde todo lo encontramos delicioso y lo mejor, a un precio fabuloso. Y paseando hacia el hotel a fin de que nos bajase la comida, nos acercamos hacia una multitud. Estaban haciendo apuestas a ver en qué colores caían el balones, y después de ver varias partidas me animé a participar. No sabéis de qué manera enganchaba. ¿Os acordáis de un capítulo de los Simpsons donde Homer se va a evangelizar y acaba pervirtiendo a los indígenas? pues es lo que debieron hacer los españoles cuando llegaron a Filipinas.

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Al día siguiente (27) cogimos un tricycle (como una moto con sidecar) , que es el medio de transporte por excelencia en la isla, y por unos pocos pesos fuimos a pasar el día a Honda Bay. No recomendaría esta excursión a menos que pases tiempo en Puerto Princesa, pues había que coger barco para llegar hasta cualquiera de las playas y luego las zonas de snorkel estaban limitadas y te obligaban a llevar chaleco. Me pareció un poco circo.

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Sin embargo nos hicimos un poco los suecos con las recomendaciones y al final estando a nuestra bola pasamos una mañana muy agradable, media de la cuál se nos fue jugando al ajedrez. Hemos estado tan picados con este juego que no sólo estoy mejorando mi estrategia si no que además estoy viciada.

De la excursión de por la noche a ver las Firefly mejor correré un tupido velo. Perder cinco horas para ver unas luciérnagas me hizo sentir verdaderamente frustrada. Sobre todo cuando yo esperaba ver iluminarse el plancton, y no sé si fue eso lo que pasó o que el remero llevaba una pulsera fosforita, ¡era tan poco perceptible!… Una excursión original, pero que no compensa en dinero y tiempo perdido.

El 28, de nuevo con la mochila a cuestas, cogimos una furgoneta para ir a San Vicente. Un verdadero show. Viajamos hacinados, por carreteras imposibles, con pollos…y después de toda la aventura resulto que nuestro hotel no estaba allí.

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De cualquier modo, lo que a priori parecía ser una “putada” con todas las de la ley, resultó ser lo mejor que nos podía haber pasado. No por el hostal donde nos alojamos en sí (que era una mierda), si no por los dos días tan agradables que pasamos en aquel pueblo. Un lugar donde los turistas se podían contar con dedos de una mano, donde los autóctonos te saludaban al pasar por la calle y donde a tan solo 2 kilómetros podías encontrar una playa virgen.

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Nunca me he sentido más en una isla desierta de lo que me sentí allí. Además conocimos a un borracho que estuvo aliñando nuestras noches con sus historietas. Eso sí, si algún día volviera a este lugar, me quedaría en un hotel que descubrimos el último día llamado “Peace and Love Resort”. Piscina frente al mar, pizzas deliciosas y cockteles buenísimos. Además tuvimos la suerte de llegar para la Happy Hour (6 a 7) y todo estaba a la mitad de precio.

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De San Vicente salimos en un bus hacia el norte de la isla,dirección a nuestro último destino, El Nido. Hay muchas formas de ir pero el “roro bus” es muy barato y no está mal ( siempre que no te toque sentarte en uno de los asientos plegables de en medio o la mujer de tu lado vomite). Cuanto menos, nunca te aburres en los transportes públicos de este país Eso sí, ármate de paciencia si haces el trayecto del Nido a Puerto Princesa del tirón, porque hace muchas paradas y la carretera es de película.

Nuestro hotel en el Nido no estaba mal, a unos dos kilómetros del centro. Estábamos más tranquilos y teníamos una playa espectacular a 50 metros de la habitación. El principal problema eran los gallos que me despertaban hasta durmiendo con tapones.

El primer día comimos en un resort frente al mar cercano al hotel, y después de descansar nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo, que nos encantó.

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Para el último día del año teníamos reservada una excursión. ¡La A!. Ofrecían las mismas en todos los sitios, y esta nos convenció, y no nos equivocamos. Navegamos hasta playas preciosas, buceamos en aguas cristalinas, nos adentramos a lagunas escondidas en el interior de las montañas, y saboreamos una barbacoa en la playa con una pareja de franceses súper entrañable.

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Fue tan bonito lo que vimos en esa excursión que Filipinas ha pasado a ser top one en mi lista de playas increíbles por delante de Tailandia.

La Nochevieja superó con creces mis expectativas, ya que habíamos sido poco previsores y no llevábamos cash. Quién nos iba a decir que hoy en día existe todavía lugares sin cajeros automáticos.

Así que tras una cena de bufet en un restaurante un poco flojillo que sí aceptaba tarjeta (Marbles), compramos una botella de ron y nos fuimos al centro del pueblo donde el día anterior, en una batalla de bandas al estilo “Factor x”, habían anunciado que tendría lugar la cuenta atrás. Allí estuvimos con una docena de chavales (menores en su mayoría) celebrando la entrada del año, y cuando ya habíamos vaciado más de media botella decidimos movernos en busca de gente de nuestra edad.

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De este modo, dimos con un pub donde además el seguridad nos dejaba salir a rellenar la copa, y estuvimos ahí bailando con filipinos hasta que conocimos a un grupito de suecos y nos unimos a ellos en dirección al último sitio que quedaba abierto, el bar reggae junto al mar, que aunque de reggae no tenía nada, había conseguido reunir a todos los occidentales del Nido. Conocimos a gente de muchísimas nacionalidades, y lo pasamos super bien…aunque a uno de los dos nos pasase factura.

El primer día del año lo pasé en la playa del hotel, que además de toda una novedad me pareció un auténtico lujo amanecer en aquel maravilloso lugar el primer día del año.

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Y el día dos fue  la misma guisa: playa, lectura, baño, relax, pero en una playa llamada “Cabañas”.

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 El Nido es  una pasada, pero se me han quedado cosas pendientes por hacer, como submarinismo. Desde luego lo recomiendo a quien vaya para allá, pues a juzgar por lo que vi haciendo snorkel, a más profundidad la fauna y la flora marina debe ser única. 

El día tres hicimos el camino inverso para regresar a casa: El Nido, Puerto Princesa, Manila (una noche), Hong Kong y Chennai. Cuando ya estábamos soñando con llegar a nuestra casa y meternos en nuestra cama, Vinoth se olvidó de recogernos. Pero esto no fue lo grave, el problema era que teníamos las llaves de casa en el coche, y él tenia las del coche. Así que lamentándolo mucho, acabamos nuestro viaje en un hotel de Chennai llamado Raintree. Eso sí, el mejor de todos los del viaje.

Ahora sí me despido tras este rollazo y al contrario que hago siempre os pido que por favor no vayáis bajo ningún concepto a Filipinas ¿Por qué? porque me ha gustado tanto que quiero que siga manteniéndose así de despejada de turistas. ¡No vayáis y sobre todo no se lo contéis a nadie!

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2 comentarios to “¡UNAS NAVIDADES MUY FINAS…EN FILIPINAS!”

  1. Pierre Bannerot and Pascale Sadarnac enero 12, 2014 a 7:04 am #

    hi Laura and Victor ! so glad to hear from you (through your blog).
    Your writing is amazing Laura !! Keep going : I and Pierre are definitely turning to be your (fidèles : don’t know the translation) readers… ! Pierre actually forgot his cell phone in the plane so we lost your email adress and all the pictures from the Philippines….

    Hope you are ok returning to India. We wish you the best and let’s keep in touch. Kisses. Pierre and Pascale

    • laurapicu enero 12, 2014 a 7:41 am #

      Me too! it´s a pleasure to have you as a follower…Actually, in the last post about the Philippines, I´ve shared a nice pic from our lunch in that incredible beach with both of you. Was amazing!…
      I copy here again our e-mail adress: laurapicu@hotmail.com and victor.domens@googlemail.com
      I´m sorry about the iphone, let´s keep in touch!!! 🙂

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