MONGUERS POR LA INDIA

18 Feb

Desde conseguir el pasaporte de Pedro, hasta que las tres se reuniesen con él en Londres, todo fue una auténtica odisea.

Pero aquí estaban finalmente pisando por primera vez el suelo indio, y desde que los vi llegar al aeropuerto de Chennai supe que me esperaban unos días increíbles a su lado. No me equivoqué.

Llegaron tarde, y lo primero que hicieron tras entrar en casa e instalarse, fue contarme todas las anécdotas que les habían sucedido en el camino, así que al día siguiente la jornada comenzó ya con agotamiento.

Lo primero que hicimos fue ir a visitar el orfanato. Y he de confesar que no tenía todas conmigo de que fuesen a disfrutar tanto como lo hicieron. Fue una pasada compartir con ellos esa sensación de plenitud que uno siente cuando se rodea de aquellos niños.

Nos habían advertido que no pasásemos más allá de la sección de bebés porque algunos de los peques estaban enfermos, pero no podía irme sin que conociesen a “mis niños”. Así que estuvimos allí alrededor de una hora. Tiempo de sobra para que Ana e Isis encontraron allí a sus pequeñas “miniyo”, para que Pili se hiciese cientos de fotos, y a Pedro le tosi-pediese un niño en la cara. Él, que es bastante hipocondriaco, salió de allí sintiéndose contagiado. Más tarde supimos que se trataba de la enfermedad de la blancura y que jamás se podría moreno.

IMG-20140207-WA0048

Ese día, tras degustar algunos de los sabores del sur de la India sobre una hoja de plátano en un restaurante llamado Talappakatti, fuimos a hacer un poco de turismo por los sitios más interesantes de Chennai. Poca cosa, la verdad, aunque al menos pudieron ver de cerca el ajetreo de las calles, los puestos de flores y comida, y los animales.

IMG-20140207-WA0070

Vinoth (nuestro conductor) quien pasó a llamarse “Bigotif” por una mezcla de la vacuna del tifus y su bigote, se enamoró de Pili al ver que ella trataba de comunicarse con él mediante simpáticos gestos.

Al día siguiente, después de mal-dormir de nuevo escasas cinco horas debido a nuestras reuniones nocturnas del club de los cinco, nos fuimos junto con Victor a visitar Mahabs, donde les llevamos a hacer la habitual ruta express de comida, café, playa y templo.

IMG-20140215-WA0020

Luego, sospechando que llegaríamos tarde a nuestra propia fiesta, emprendimos el camino de regreso. Esperábamos ser unas quince personas, pero al final entre amigos de amigos, y amigos de esos amigos, acabamos rondando la treintena.

IMG_9363

IMG_9376

Lo dimos todo, de eso no cabe ninguna duda, y aunque Pedro se avergonzaba en algún momento de nuestros bailes imposibles, y nuestras absurdeces, fue gracias a Isis y a Ana, que la gente entendiese mi verdadero yo. “Tus amigas son igual que tú”, dijo alguien. Y un colega, a quien Isis apodó “coñazo” le confesó a Victor que eramos como “duendes del mal”, ya que allá donde miraba estábamos liando alguna. Será que lo somos… Así que al final los duendes del mal y toda la chupi-pandi de “Hispano Barathi” (chat indio-español) acabamos la noche en el Qbar (terraza del Hilton).

El domingo, tras la fiesta y con la resaca a cuestas, cogimos las cosas y con toda la pereza del mundo, nos fuimos al aeropuerto. ¡Imaginaos cuál fue nuestra sorpresa cuando vimos que habíamos perdido el avión!

Sí, cómo lo oís, ¡perdimos el avión!. Y no por llegar tarde, como todo el mundo pensó, y habría sido lo más lógico, si no porque habían adelantado el vuelo.

No os imagináis la impotencia de aquel momento, después de haber reunido las fuerzas para coger todo, llegar hasta allí y saber que es tu culpa por no haber leído los mensajes de móvil.

Por supuesto, antes de palmar la pasta, negué haber sido informada para que me reembolsaran el dinero de los billetes. Y aunque tratamos de conseguir algún vuelo ese día con otra compañía, ya no pudimos hacer nada hasta el día siguiente. Así que fuimos a comer, dimos una vuelta por la playa de Elliots Beach y después de darnos un masaje en la cabeza y hacernos la manicura y la pedicura, volvimos a casa en un ricshaw, que por cierto me dejaron conducir.

IMG-20140209-WA0005

Al día siguiente, como en “el día de la marmota”, volvimos al aeropuerto, y esta vez aunque cogimos el avión, me dejé el móvil, y no cualquier móvil, si no el único móvil indio para comunicarnos en el viaje y recibir mensajes de posibles cambios en futuros vuelos. Toda una hazaña.

Aterrizamos en Goa, y después de una larga hora de viaje desde el aeropuerto, llegamos a Palolem, nuestro destino. Un lugar que aunque a priori no me deslumbró en exceso al compararlo con Filipinas, fue gustándome más y más según fueron pasando las horas.

IMG_9419

Eso sí, las cabañas de Camp San Francisco no se las recomiendo ni a mi peor enemigo. Del uno al 10  les daba un escaso 4. Cutres al extremo del mal gusto. Una pena que no hubiese ninguna habitación disponible en el Hotel Cuba, porque resultó ser un lugar increíble donde además la comida estaba fabulosa.

Aunque solo estuvimos dos noches, nos dio tiempo a relajarnos, bañarnos, comer hasta el empacho, tomar el sol hasta el abrasamiento de Pedro, beber hasta que Monzó perdió la vergüenza y el móvil, a encontrarnos sapos en el baño, conocer a gente rara, oír mi nombre más de cien veces de la boca de un niño, atravesar las aguas por la noche, ver unas puestas de sol increíbles, reír hasta el dolor de barriga, confesarnos cosas, discutir y hasta perder la paciencia.

Me quedo con el niño del hotel que repetía mi nombre “Laura, Laura…”, y que te ofrecía desde cualquier cosa de su tienda hasta un tattoo de henna o la manicura, las manadas de ridículos indios que andaban por la playa con la cabecita loca buscando mujeres en bikini a los que apodamos “violadores del verso”, la obsesión de Pedro por el sol y la noche de los zombies (cocktails).

IMG_9430

IMG_9477

IMG_9535

IMG_9579

IMG_9594

Nos fuimos de Goa con ganas de habernos quedado más tiempo, pero con ganas también de dormir en un hotel en condiciones, sin estar rodeados de una mosquitera o despertar sobresaltados por el ruido de los cuervos y otros tantos animales de la selva. Claro que no sabíamos aún lo que íbamos a encontrarnos en Mumbai.

Llegamos a la puerta del hotel de noche, y descubrimos que para subir , teníamos que coger un antiguo ascensor con reja en el que un pobre indio sentado se resignaba a darle al botón.

Nuestro hotel estaba en el quinto piso, y subiendo hasta allí, te imaginabas que podías encontrarte desde un taller clandestino a un prostíbulo o una escena de asesinato. Ningún ascensor de ese tipo podía conducir hasta el paraíso. Y en el efecto no lo hacía.

En la recepción unos sospechosos musulmanes que a penas chapurreaban inglés nos dirigieron a nuestras habitaciones. Por suerte, estas estaban sorprendentemente limpias y con mejor pinta que lo visto hasta el momento. Eso sí, problemas para que saliese agua caliente, problemas con el desagüe, con internet, sin hablar de la publicidad engañosa que utilizan para cazarte, como llamar a una televisión de hace más de veinte años tele de plasma, o poner la coletilla “de luxe” a nuestros cuartuchos. En fin, calidad/precio ni tan mal, aunque fuese por la ubicación.

Esa primera noche, salimos a cenar algo y lo único que encontramos abierto por el barrio, fue un bar de mala muerte cuya puerta estaba atestada de mendigos. A pesar de estar cerrando, nos dejaron entrar y bajaron la verja tras nosotros. Imagino que al vernos, al dueño se le apareció el símbolo del dólar en el iris. Sin embargo, al estar allí encerrados, estábamos completamente a merced de ellos. Podían habernos descuartizado al más puro estilo Dexter, y salir de allí en bolsas de basura. Por suerte, el azar jugó a nuestro favor.

¿Quién diría sin embargo que la salida del restaurante iba a ser la parte más complicada? Monzó  riendo con un gato tuerto, Pili gritando por las ratas , y yo me caí al suelo, torciéndome el tobillo. Solo teníamos que cruzar la calle hasta el hostal Gulf, pero casi no lo contamos.

Diré algo a favor del hotel, y es que un grupo de jóvenes te atendían en cualquier momento a golpe de timbre. Tardaban segundos en llegar, y aún nos preguntamos si es que dormían con un ojo abierto al otro lado de la puerta. Quizá fue eso lo único que haría al alojamiento merecedor de la nomenclatura de Hotel, en lugar de Hostal.

Al salir de allí por la mañana la imagen cambiaba completamente y los mendigos y ratas habían dejado paso a coloridos puestos de collares y frutas. Estábamos en una calle comercial con mucha afluencia de turistas, y frente al hotel descubrimos una maravillosa cafetería estilo francés, donde desayunamos durante nuestra estancia.

Visitamos a pie la Puerta de la India, la Victoria Station, el Hight Court, y la mayoría de monumentos que dictaba la guía. Y aunque yo ya había estado, fue curioso volver a descubrir de nuevo todo aquello de la mano de mis amigos, aunque fuese andando coja.

IMG_9631

IMG_9642

IMG_9821

Aquel día Pili se llevó la palma. Los niños pobres siguiendo a Pili, Pili haciéndose fotos con los indios. Incluso pensé en llamar al post “Lapili en la India” Inocencia divino tesoro, ja.

Por la noche, a pesar de las advertencias de Pedro, decidimos acompañarle a cenar con su amiga Aayushi. Una india muy simpática pero un poco “posturas” de esas que no solo no disfrutan de los buffets, si no que además te hacen sentir como una especie de bicho raro por comer. Así que mientras su triste plato permanecía intocable, nosotras ya nos habíamos servido tres veces. Después de todo estábamos en el JWMarriott y había que amortizar el precio del buffet.

Así que nos llevó rodando (por aquello de lo hinchadas que estábamos) hasta un club llamado Hakkasan, donde después de pagar el precio más escandaloso que jamás he pagado en la India por una entrada, nos pusieron unas inservibles pulseras vips y fuimos a por una copa.

Gracias a la tobillera mágica que compré en el Crawdford market  pude bailar con ellos. Pero la diversión  no duró mucho ya que al parecer, debido a la cantidad de droga que había en aquel lugar tan “posh”, la policía cerro el club antes de hora echándonos a todos a la calle.

Calculo que nos gastamos en esta noche más que en medio viaje, y no habría valido la pena si no hubiésemos vivido la aventurilla que vivimos volviendo a casa, cuando tras saludar por la ventana a un chico de la discoteca que se había enamorado de Pili, él y sus amigos se pusieron a perseguirnos con el coche hasta el hotel.

El viaje era de aproximadamente media hora hasta Colaba, y durante todo ese trayecto se arrimó con el morro del coche, nos adelantó, nos hizo luces, trató de sobornar al taxista para que parase, y cuando pensábamos que ya lo habíamos perdido de vista, un chasquido de ruedas al final de la calle, nos hizo poner el grito en el cielo y correr hasta el hotel.

Pili pensaba que venían a devolverle su zapato de cristal, y no digo yo que quisiesen hacernos daño, seguramente querían ligar, pero el batiburrillo que llevaban metido no les hizo pensar con mucha claridad, ya que con ese modo agresivo de hacer las cosas tenían todas las de perder. Por suerte, pudimos comprobar por la ventana, como después de un rato en la puerta del hotel, decidieron marcharse ¡Menudo susto!

Al día siguiente, después de hacer el check-out  fuimos a visitar los “jardines colgantes”, el templo de Malaxami, y estuvimos de compras por nuestro barrio.

IMG_9938

IMG_9956

Sobre las 4,30, tras la comida, emprendimos el camino al aeropuerto. Dos horas de viaje en una furgoneta  sin A/C y vuelta a Chennai, por lo que llegamos agotados a casa.

IMG_0112

Y el sábado para recuperar las fuerzas fuimos a ponernos las botas en el brunch del Hyatt.

1617717_642482259618_1005933515_o

Tras la comida, que se alargó hasta la tarde, fuimos  a T-nagar para las últimas compras y al volver a casa pedimos comida para celebrar juntos la última cena.

A partir de ahí lo único que puedo decir es que llegaron todos sanos y salvos, y que a pesar de las calamidades sé que la mayoría de nosotros repetiríamos el viaje con los ojos cerrados.

Un viaje corto pero intenso lleno de aventuras y experiencias, que  estoy segura volveremos a hacer el años que viene. Y dará igual a donde vayamos, pues juntos exprimiremos al máximo el tiempo y lo pasaremos de maravilla.

Anuncios

4 comentarios to “MONGUERS POR LA INDIA”

  1. ISIS febrero 18, 2014 a 8:34 am #

    ME SÚPER ENCANTAAAAAAA!! 😉

  2. ana febrero 18, 2014 a 10:25 am #

    No has nombrado al tuerto! Genial post, gracias Picu!

  3. Ana Gonzalez febrero 27, 2014 a 1:43 pm #

    Hola Laura!

    Donde estas? escribeme cuando puedas.

    Saludos,

    Ana

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: