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GOOD BYE

2 Jul

Sabéis que despedirme no me gusta un pelo y soy más de mirar atrás que adelante. Siempre le doy mil vueltas a lo que dejo, lo que echaré de menos, lo que fue, lo que podría haber sido. En fin.

La farewell party comenzó con un mercadillo para Orfanatics (me ha pegado ahora por eso), y fue sorprendente ver cómo acabaron con todo. Conseguimos recaudar más de ocho mil rupias (unos 100 euros).

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La fiesta estuvo muy bien, pero por desgracia tuvimos nuevamente un problema en la entrada del Dublin (discoteca) y en un gesto de solidaridad con los hombres, nos fuimos todos a casa. Aunque he de decir que algunos nos montamos nuestra fiestecilla en la calle con los altavoces del coche.

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Al día siguiente, puesto que no estábamos demasiado cansados y sin embargo sí teníamos mucha hambre, nos fuimos a tomar el último brunch al Hyatt y a visitar a unos amigos. Si beber quita las penas, no hablemos de comer. Tengo una teoría que siempre defenderé a capa y espada y es que comer quita hasta el miedo. Y si no me creéis probar a ver una película que os acojone con y sin palomitas.

Y el lunes después de dejar la maleta preparada y hacer una visita express a Saravana Store para cambiar un par de cosas, me acerqué a despedirme de la gente de Christ of Faith Home.

 

Fue bastante duro, por qué voy a negarlo.Y eso que algunos niños ni siquiera se estaban enterando de que me iba para siempre, cosa que aún me entristeció más. Así que me fui de allí llorando ya para el resto del día.

Por la tarde-noche quedamos para ver un partido del mundial y despedirnos nuevamente de los amigos más allegados y les llevé a todos un ejemplar de mi libro dedicado. Como decía una amiga “Ha venido a hablar de su libro” ja!

Además pasé el relevo de Orfanatics a Izaskun y Alex, por lo que ahora serán ellas quienes irán cada mes a realizar y entregar las compras al orfanato, para poder seguir haciendo así las donaciones. Sé que hay mucha gente dispuesta a seguir ayudando y era una pena que desapareciese el proyecto, por lo que estoy muy agradecida por que hayan decidido echarme una mano. Sin alguien allí yo no podría continuar, así que las voy a nombrar las heroínas de mes.

La cena en sí, fue una velada corta en Bella Ciao y el adiós apenas se extendió también un par de minutos. A veces es mejor no hacer largas estas cosas e irse sin mirar atrás para no romper a llorar. Porque despedirse de la gente es una cosa, pero despedirse de la gente sabiendo que quizá no la vuelvas a ver es otra. Mejor no pensarlo. En cualquier caso, también sé que por mi parte haré lo que esté en mi mano para volver a reunirme con ellos.

Y al día siguiente, como si se tratase de un viaje más, cogimos las maletas y salimos para el aeropuerto. Sorprendentemente nuestro conductor, Vinoth se puso a llorar, yo me puse a llorar al verlo y aquello casi se convierte en el buque de las lamentaciones.

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Al igual que en nuestro primer viaje, Mercedes nos pagaba la vuelta en Business. Así que fue entrar al aeropuerto y que se nos quitaran todas las penas, como aquel que dice. Sobre todo porque como antes decía, comer es un inhibidor de la tristeza y desayunamos tres veces. En el lounge de Chennai, en el avión a Dubai y en el lounge de Dubai. Y sumando a eso, las comodidades de viajar en Business, he de decir aunque suene a chiste, que ambos vuelos se me pasaron volando.

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Desde entonces ya ha pasado una semana y aunque he buscado un hueco para sentarme a contaros esto, os prometo que no lo he encontrado.

Los primeros cinco días en Madrid una innumerable cantidad de eventos gobernaba mi agenda, pues a fin de conseguir ver a la gente hacía malabarismos con las horas.

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Y a partir de este lunes en que dejé a Víctor en el aeropuerto y me vine a Valencia, no han parado de sucederme infortunios: me constipé, me cancelaron el curso, ingresaron a mi abuelo…

Pero como esta mañana hemos podido llevar a mi abuelo a casa y puedo venir a visitarlo los fines de semana, he decidido a última hora que me voy a hacer el mismo curso de creatividad a un chalet en Aranjuez. Incubation Creative Camp, se llama. Vamos, una especie de GH para hipsters en la que yo soy la reserva, pues voy a llegar a la casa cuando todo el mundo ya lleve allí dos días.

Y ahora sí que sí… Aunque algunos seguidores me alentasteis a continuar con el blog en Alemania, el objetivo inicial del mismo era contar mis aventuras en la India, así que he tomado la decisión de cerrarlo.

Creo que mucha gente acaba abandonando sus blogs y me parece mejor idea terminarlo y quizá, si me veo con ganas, empezar otro en Alemania. Porque como alguien dijo una vez “En la vida lo que a veces parece un final es realmente un nuevo comienzo” Pero no os preocupéis que si creo otro blog os lo haré saber, o quizá lo llame “La vida de Pi(Q) en Alemania” para que lo localicéis rápidamente. ¿Quién sabe?

Como antes decía, no me gustan las despedidas, pero quiero agradeceros vuestra fidelidad a “lavidadepicu”, pues ha sido un auténtico gustazo escribir por y para vosotros. GRACIAS 🙂

Picu

 

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PICU´S INDIAN MARKET

30 May

A menos de un mes de marcharme de este lugar, no hago otra cosa que pensar en la manera de llevarme conmigo parte de la India. Así que además de mis vivencias, fotos y productos, estoy aprendiendo a bailar un poco de bollywood y a cocinar comida India.

Es curioso que teniendo tiempo para aburrir, no haya sido hasta el final de la estancia cuando haya abordado estos temas.

En cuanto a los idiomas, aunque sería increíble volver hablando algo de hindi o tamil, soy consciente de mis aptitudes. No soy ninguna proeza con las lenguas y prefiero no meterme en un berenjenal así.

Sin embargo ,aprender a preparar comida india es un reto más viable. Cocinar es algo que se me da bastante bien y sin seguir ninguna receta me atrevo con cualquier cosa. Será que me gusta comer bien. Pero a pesar de ello,  no estoy tan familiarizada con el uso de las especias indias así que necesito  alguien que me oriente, y ese está siendo el principal problema. Encontrar a alguien.

El otro día pillé por banda a mi maid para que me ayudase a hacer un arroz “biriyani”, una de las especialidades del sur de la India que nos encanta a Victor y a mi. Y me dijo “ biriyani teriyaaaa!”, que viene a ser algo así como que no tiene ni idea de hacerlo. Entonces me puse en contacto con una ex-compañera y me dijo que tampoco sabía. Y mi profesora de inglés, tres cuartos de lo mismo. Seguiré buscando a alguien y si no acabaré por descargarme alguna receta, aunque no sea tan auténtico.

Pero tranquilos que compartiré toda mi sabiduría y experiencias con vosotros en el Picu´s indian market que tendrá lugar en Valencia en el mes de Julio.

Decidí  hacerlo por dos motivos:

-Debo llevar la India a todos los que no habéis podido venir a verme.

-Necesito sacarme algunas pelillas para sentirme productiva, ya que de momento por escribir no he llegado a facturar ni 50 euros.

Os pongo un adelanto de algunos de los productos que tendréis a vuestra disposición en el mercadillo: faldas, colchas, fulares, pulseras, collares, tobilleras, libros, especias…Además, si queréis, podéis adelantaros y hacerme ya vuestros encargos.

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(fotos de algunas de las faldas= 10 euros)

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(colcha king + 2 fundas de cojín= 15 euros)

Y por lo demás, poco que contar. El domingo pasado, para no perder mis raíces, hice un arroz a banda con allioli. Y por la tarde fuimos a ver unos monólogos. Por lo visto los primeros que tenían lugar en Chennai.

Ver a los indios riéndose de ellos mismos, de su cultura y quitándole hierro a temas tabú como el sexo o el alcohol, solo puede ser positivo para esta sociedad, y desde luego un rato entretenido.

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Me voy de cena ¡Que tengáis un buen fin de semana!

 

 

IBA TAN CIEG@ QUE…

22 May

así es como empieza todo. Bueno, no todo. Me refiero más bien a esas anécdotas que una servidora considera que son dignas de recordar. Por ello, entre otras cosas, decidí crear esta página.

¿Objetivo? Que historias tan grandes no caigan en el olvido, que habléis sin pelos en la lengua, que os sintáis identificados con otras locuras, pero principalmente, sacaros una sonrisa.

Es cierto que muchas de las historias que cuento son mías, y no soy de tener miedo al “qué dirán”, pero puesto que mi padre ya ha amenazado con cambiarse el apellido, no voy a entrar en detalles a cerca de cuales me corresponden y cuáles no.

Me encantaría que esta página fuese el fondo de pantalla en vuestros días de resaca. Y cuando un domingo tirados en vuestros sofás os acordéis de la que liasteis la noche anterior lo compartáis para que todos podamos reírnos con vosotros. Recopilemos juntos historias para que no caigan en el olvido. ¿Os animais?

La idea en sí, me surgió después de “liarla parda” el sábado, pero dejaré los detalles para la página: iba tan ciego que…

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Y por lo demás, fui con Víctor a ver la actuación de “Hot steps”que me pareció muy entretenida, aunque no precisamente profesional, si no más bien una función escolar. Y por supuesto durante la misma acontecieron muchos de los tópicos indios: tarde, desorganizado, música excesivamente fuerte…

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El lunes empecé con las clases de baile. Y puesto que elegí rock and roll, nos pasamos la hora haciendo una coreografía de Grease. ¡Qué torpecita soy con los pasos! Allá donde hay que poner la derecha siempre pongo la pierna izquierda. Este no es país para lefties. Bueno, ni este, ni ninguno. En este tipo de cosas seguimos siendo unos incomprendidos. Para alumno zurdo, profesor zurdo. Así debería ser.

Pero bueno, el miércoles una amiga decidió acompañarme y le pedimos que nos enseñase bolliwood. Y entre risa y risa medio hicimos la coreografía. Y así va a ser a partir de ahora, lo cual me hace ir mucho más motivada, la verdad.

También he empezado a ir a clase de inglés en una academia que ya conocía cerca de casa. Estoy el nivel más alto, el tres. Y si no fuese por que tanto el horario como la ubicación son perfectos, hoy mismo me habría ido en mitad de la clase.

Empezando porque la profesora tiene un marcado acento indio y explica en “hindi” o “tamil” a los compañeros que tienen dudas, que el 70% del tiempo lo pasamos copiando gramática de la pizarra y acabando porque cada vez que oigo a mis compañeros no sólo desaprendo inglés si no que una neurona muere dentro de mi.

De verdad, no exagero. Creo que mi asistencia no es fructífera para ninguna de las dos partes. Para la profesora desde luego no, ¡pobre!. No lo he podido evitar y ya le he puesto en duda su sistema educativo en dos ocasiones, pidiéndole que por respeto se dirija todo el rato en inglés a nosotros, y ofreciéndome a hacer fotocopias para no copiar los fragmentos de ese antiguo testamento que hace llamar libro de inglés.

La mujer se defiende diciendo que tiene mucha experiencia. Eso seguro, si todos los profesores aquí son como ella empezaría a entender muchas cosas. Sin embargo es simpática, amable y me aguanta con filosofía. Así que seguiré yendo. Por eso, y porque me han pillado por banda para que pague. No está bien visto hacer clases de prueba durante toda una semana.

Y además de todo eso, sigo ejercitando mi faceta literaria. Esta vez he escrito un cuento llamado “La hija del planchador” inspirado en la India, que podéis encontrar en el apartado de Picuentos.

Los únicos planes que tengo de momento para este fin de semana son: quedar de nuevo para a ver el partido de la Champions (plan que obviamente surge de mi novio), ponerme al día con GOT (Juego de tronos) y reunirme con mis ex-compis del British Council para comer.

¡Disfrutad de vuestro finde!

 

EN ABRIL GRADOS MIL

25 Abr

Como ya os dije el año pasado por estas fechas no empieza ni mucho menos la primavera, si no el asfixiante verano.

El calor es sofocante en esta época, hasta el punto de que cierran ya algunos colegios y no vuelven a abrirlos hasta que en Junio comience el nuevo curso.

Así que debido a esto, y al ya confirmado hecho de que a mitad de Junio dejamos el país, me despido del HUS para siempre aunque no descarto pasar a visitar a los alumnos aunque no sea ya en calidad de profesora.

Con toda seguridad nos vamos a Alemania, donde Victor se embarca en una nuevo proyecto profesional dentro de su misma empresa, Mercedes, y donde a mi se me abre un nuevo escenario donde poder llevar a cabo mis nuevos proyectos. Quizá un nuevo libro, quien sabe.

De momento estoy bastante centrada en mi carrera de escritora/redactora, y he empezado a colaborar como freelance escribiendo en el blog de un par de empresas. Pero ni siquiera uniendo el total de salario mensual por ambas colaboraciones puedo llegar a pagarme mis caprichos. Pero por algo se empieza, ¿no creéis?

Y además de estar escribiendo y dándole al coco en estos días, he vivido las votaciones de Tamil Nadu para primer Ministro de la India. De algún modo, y aunque sólo como mera espectadora, he podido ser partícipe de la Historia de este país, así que lo compartiré con vosotros.

Al margen de que este sea un lugar con una desmesurada corrupción política, donde el menor de los males es que los candidatos a la presidencia compren sus votos con alcohol y dinero, me veo obligada a opinar a cerca del sistema de votación, el cual no es rudimentario, si no lo siguiente.

No sólo no se hacen las votaciones al mismo tiempo desde todas las provincias, si no que además tardan alrededor de un mes en hacer el recuento de los votos. Y lo más fuerte: a los votantes les marcan con tinta el dedo para que no puedan volver a votar (Palabrita del niño Jesús). No sea que se les ocurriese  a alguien hacer trampa, porque claro, lo de lavarse las mano ni siquiera se lo han planteado, ¿verdad?

Desde luego creo que hacen falta muchos años para que India se actualice y no sé si alguno de los dos políticos que aspiran al gobierno será capaz de hacer algo por el bien de este país.

¿El BJP liderado por Modi o INC con Rahul Gandhi?

Todos se preguntan quién ganara. El primero es un buen speaker con mucho carisma y no hace más que hablar de progreso, pero es un ultranacionalista hindú y se le acusa de haber estado relacionado con las muertes de un grupo de musulmanes.

Si gana Modi quizá la India se abra a la comercialización con otros países y mejore su economía. ¿Pero qué hay de las minorías étnicas? ¿podrán seguir profesando su religión los católicos o musulmanes?

Por otro lado si Rahul Gandhi, heredero de la dinastía Nehru-Gandhi es el ganador. ¿Será capaz de levantar el país? parece joven e inexperto y no muestra empatía con los pobres. Y de ser elegido, ¿lo asesinarán? Su abuela y su padre fueron asesinados, ¿tendrá él la misma suerte?

Desde luego es todo es una incógnita. Así que de momento no nos queda otra cosa que esperar a ver los resultados.

A parte de esto que os he contado, y de mis pinitos como escritora, durante estos veinte días que he estado por aquí también he tenido tiempo de:

-Visitar el orfanato y hacer la donación de Abril

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-Celebrar el cumple de Víctor

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-Disfrutar de un fin de semana en Goa con nuestros amigos

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-Arreglarme la boca en una clínica dental y sobrevivir para contarlo

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En los próximos días tenemos un bautizo y una boda, por lo que volvemos a España y en poco más de diez días vamos a estar en Madrid, Valencia y Tenerife. ¡Comienza la gira!

A la vuelta os pongo al corriente de todo.

¡Saludos desde Chennai!

 

 

UNA BODA GITANA, DIGO INDIA

3 Ene

¡Hola chic@s!

En Filipinas se me empiezan a acumular las anécdotas que contaros, y cuando echo la vista atrás cada vez son más cosas desde la última vez que escribí, y si hay algo que no puedo dejar en el olvido es la boda. No mi boda, como mucha gente pensaba cuando leyó el post anterior ( esa ya llegará) si no la boda de una de las españolas con las que viajamos a Bangalore y su ahora marido indio.

Más que una boda fue una larga semana de acontecimientos, de los cuales no me pude perder ninguno, compaginándolos como pude con mis “quehaceres”.

El martes tuvo lugar en un inmenso chalet de las afueras de Chennai la despedida de soltera, con la que inauguramos así las jornadas de “actos y festejos”. Fue algo corta y tranquila (a mi gusto), pero dio pie a que intimáramos entre los invitados y nos echáramos unas buenas risas, viendo como la futura novia nos hacía un improvisado playback o cómo los indios bailaban “Paquito el Chocolatero”. Además, no podría decirse que fuera una despedida común, ya que a última hora algunos chicos (amigos de la novia) llegados desde las Españas, se unieron al guateque.

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Al día siguiente con un poco de resaca post-despedida, y tras la jornada de trabajo, fui puntual a mi cita para la celebración del Mehndi: una fiesta pre-boda con algunos familiares y amigos que tenía como fin que a las mujeres se nos pintase las manos con henna ( o mehndi) y como podéis imaginar era a la novia a la que se le dedicaba más tiempo. De hecho empezaron a dibujarle por la mañana y no terminaron hasta por la tarde, ¡así estaba luego de guapa!. Yo, personalmente, después de pasar por el aro me sentía completamente inútil, porque estoy acostumbrada a ponerme henna en el pelo, pero llevarla por las manos te inutiliza completamente. Además, cuanto más la dejas secando, mejor resultado tienen los dibujos, y con suerte, y si eres cuidadosa, te puede durar hasta dos semanas. Sin embargo, entre playa y masajes en Filipinas, a mi apenas me duró una.

Volviendo a la fiesta del Mehndi (donde también puedimos elegir las pulseras a conjunto con nuestros vestidos), comentar que para este evento había total libertad de vestimenta, así que algunos escogieron un traje tradicional más sencillo que el shari llamado “kurta” (camisa suelta que cae hasta las piernas) y yo haciendo uso de lo que tenía en mi armario me puse un vestido de noche gris con purpurina ( que tanto gusta a las indias).

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Para este día, la familia del novio contrató a un coreógrafo para que nos enseñase a bailar “lungi dance” y otras canciones de bollywood de moda en el país. Menos mal que la gente estaba muy animada y los indios son en general muy bailongos, porque las expectativas eran muy altas, y desafortunadamente el tipete resultó ser un fiasco. De hecho deberían habérselo llevado a él esposado, en lugar de al pobre dj por estar pinchando fuera de hora sin permiso.

Desde luego este país es de locos, una fiesta en un resort y la policía en lugar de ir a pedirle explicaciones al dueño, se lleva al pincha-discos. Una anécdota muy indian style que nunca olvidaremos. En mi opinión fue una fiesta original, divertida, acompañada de una sabrosa cena india,  que finalizó con un intercambio de regalos entre las dos familias y que gracias a la influencia de nuestra querida novia, estuvo todo el tiempo regada con alcohol.

Y por fin el jueves, con el cuerpo un poco más resentido por intentar robarle a Dios su cualidad de la omnipresencia, llegó la boda, que al igual que los casamientos en España consta de dos actos: una ceremonia y un banquete. Este ultimo, curiosamente se llama “Recepción”, pero tiene lugar tras la ceremonia, contradictorio ¿no?

Por lo tanto, a las cuatro, en un altar frente al mar dentro del mismo resort donde había tenido lugar el Mehndi, comenzó la ceremonia. Donde además de los padres del novio, la hermana y dos amigos de la novia fueron testigos. Fue larga pero preciosa, tanto por el ritual en sí, como por el amor que se respiraba entre los novios y el contexto que envolvía al acto ( el mar, la puesta de sol…).

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Y gracias a la tecnología no solo los asistentes pudimos presenciar el enlace, si no que también los padres de la novia, al otro lado del mundo a través de Skype, pudieron disfrutar viendo a su hija, ¡increíble!. 

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Una curiosidad es que más tarde me enteré de que el sacerdote no solo era el ex-suegro de una amiga india, si no que además había sido actor, y es que cómico era, de eso no cabe la menor duda. Desde luego en la India uno nunca deja de sorprenderse…

Para esta ocasión , como os podéis imaginar, tenía que ponerme un saree ( traje tradicional), así que me llevé todos los bártulos al colegio y con la ayuda de otras profesoras ( por vestirme) y de mis alumnas (por peinarme) una hora antes de la ceremonia ya me había convertido en  una auténtica india. Para muchos iba vestida, para otros (incluyéndome a mi) iba simplemente disfrazada. En cualquier caso el resultado fue bastante positivo, aquí lo podéis ver.

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Pero aunque me gustó ponerme en la piel de las indias por unas horas, mentiría si dijese que se trata de un atuendo cómodo. Por suerte para la recepción me podía cambiar, de hecho ese suele ser el modus operandi. Dos actos=dos trajes. De modo que me llevé un vestido y cuando lo creí oportuno ( básicamente cuando me cansé de tropezarme con el sari), me cambié. Os dejo una foto para que veáis lo guapa que iba la novia con su segundo traje  del día y tercero contando con el Mehndi (Víctor acababa de llegar del trabajo y yo aún no me había cambiado).

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Tras las fotografías, entrega de regalos a los novios, cena y escueto baile, llegó la tarta y las copas. Yo no quería liarme mucho, ya que además de estar cansada de los días anteriores, el viernes me esperaba un largo día por delante. Hacer la donación de Orfanatics, ir a hacerme el láser, prepararme la maleta para el viaje a Filipinas…, pero las bodas son momentos únicos e irrepetibles, y desde luego una como esta aún más. Así que cuando salió el autobús hacia el after (chalet donde continuaría la fiesta), tuve que montarme, y junto con el resto de españoles, americanos e indios que lo hicieron, seguimos bebiendo y bailando por unas cuantas horas. Eso sí, el conductor del autobús se perdió  y con ello perdimos también a algún buen fichaje que se quedó dormido antes de llegar.

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Poniendo algún pero al funcionamiento de las cosas en este país más que la boda en sí, todo salió muy bien. Fue una experiencia verdaderamente increíble, donde además de ver converger dos culturas a priori tan diferentes como son la española y la india, tuve la suerte de poder presenciar el día más especial de la vida de nuestra nueva amiga.

Al día siguiente como era obvio estaba reventada, pero gracias a la ayuda de la otra “mama noela”, pudimos repartir los regalos en el orfanato sacando una sonrisa a los niños. Algo que no se paga ni con dinero, ni con más horas de sueño.

Si alguno no lo sabéis, imagino que os estaréis preguntando que a quién se le ocurre celebrar una boda un jueves…, pues resulta que tiene su explicación. Cuando una pareja decide casarse por el ritual hindú, se estudian sus cartas astrales y se elige la fecha más propicia para la boda, siempre que no sea martes, claro.  ¿Veis?, en algo nos teníamos que parecer, ¿o no os acordáis del dicho de “martes ni te cases ni te embarques?

¿Y vosotros que harías si os enamoraseis de una persona de otra cultura, os casarías por un ritual de otra religión?

Ya que no he profundizado demasiado, no dudéis en hacerme todas las preguntas que se os ocurran sobre este ritual, y por favor, no os perdáis el post de Filipinas, ¡ha sido un viaje increíble!

Desde un hotel de Manila, a medio camino de vuelta…

Laura P.

I LOVE SINGAPUR

22 Nov

Mis más sinceras disculpas a todos mis habituales “followers” por mi último post. Releyéndolo después de colgarlo me di cuenta de que era una auténtica chapuza, y aunque no es excusa, (no es por tirar balones fuera) fueron las prisas las que me la jugaron. ¡Malditas sean!

Se me ocurrió ponerme a escribir el post un par de horas antes de salir de casa, y de ahí que tampoco me diese tiempo a colgar más que una foto de Bangalore. De hecho Víctor casi me mata, cuando a diez minutos de que nos viniesen a recoger, me vio escribiendo con la maleta aún por hacer. Habitualmente soy muy lenta, y siempre acabo llegando tarde a los sitios, pero bajo presión nadie me gana, puedo llegar a ser realmente eficiente, de modo que a la hora prevista ( 22,00 h) estábamos saliendo para el aeropuerto.

Llegamos a Singapur pasadas las 7 de la mañana, después de una larga espera en el aeropuerto, cuatro horas de vuelo y dos de adelanto. Por lo tanto, aunque allí era ya de día, para nosotros eran aún las cinco de la mañana después de un largo día, y estábamos bastante cansados, así que pusimos rumbo directo al hotel.

Imaginaos nuestra cara de poker cuando nos dijeron que no podíamos hacer el check-in hasta la una. En ese momento quería ser mi maleta y tener aunque fuese un rinconcito en el que descansar en esa pequeña habitación contigua a la recepción, pero tuve que conformarme con asearme y cambiarme al estilo mendigo haciendo uso del baño público del hotel.

Como no teníamos alternativa, salimos a desayunar. Algo que se convirtió en una ardua misión. No por falta de lugares, si no porque la gente comía ya arroces, tallarines y cosas que nuestro estómago no era si quiera capaz de asimilar a esas horas. Por suerte encontramos finalmente un lugar donde además de servirnos tostadas, se nos ponían en bandeja también las putillas del barrio. Sí, como leéis. Aunque no supimos de su profesión hasta pasados dos días, pues las terrazas estaban plagadas de hombres de la tercera edad acompañados de simpáticas y exuberantes jovenzuelas, pero era el hecho de que estas llevasen unos tacos de boletos lo que nos hacía dudar.

Sin embargo, después de mucho observar creo que llegamos a comprender el “modus operandi” : ellas se acercaban a ellos con el pretexto de venderles lotería y si ellos asentían, las chicas se sentaban en la mesa y comenzaban a dialogar. Al parecer, si compraban un boleto les podía tocar de todo…hasta la entrepierna.

La edad del público objetivo habría llevado a la quiebra a cualquier puticlub, ( ninguno bajaba de los 60 años), si no hubiese sido por toda la variedad de pastillas contra la disfunción eréctil que ofrecían en los puestos de la calle.

Todo conectaba: viejos, chicas de moral distraída, viagra, un hotel por horas al lado del nuestro, algún que otro sexshop… ¡Sí!, efectivamente nuestro hotel estaba en el barrio rojo. Víctor es un hacha, menos mal que no suele elegir él los hoteles, porque como todos los hombres donde pone la olla…

En fin, podría pasarme horas hablando del movimiento que había en el barrio, que me parece interesantísimo, pero no quiero ser “rollera” y Singapur de verdad merece una mención más allá de esto.

Bueno, me había quedado en el desayuno “con diamantes”. De ahí nos fuimos en metro al centro de la ciudad. Es sorprendente lo silenciosa que es la gente de este lugar. El metro estaba abarrotado y en cambio el silencio se podía palpar. Igual que en el metro de Madrid en hora punta, ¡igualito! A mi gusto resultaba un ambiente desolador, fruto de la tecnología. Pues la mayoría de gente joven va embobada con tres de sus cinco sentidos puestos en sus iphone o ipads. Si mi abuelo fuera para allá le quitaba a más de uno la tontería, aunque fuese a base de garrotazos.

Pero bueno, la ciudad me pareció increíble. De hecho fue poner un pie en el centro de la ciudad y enamorarme. Porque converge en ella una combinación perfecta de jardines, agua y rascacielos.

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Estuvimos dando una vuelta cerca del río hasta mediodía y después de pegarnos un atracón en el Burguer King, volvimos al hotel. Esta vez con ánimo de poder hacer el check-in. Entonces descubrimos que el hotel no solo estaba en un sitio estratégico de la ciudad, si no que además contaba con micro-habitaciones, que no se correspondían para nada con las de la foto. Por suerte estamos muy viajados, y somos poco exigentes en este aspecto. Además, aunque de primeras siempre me quejo, yo creo en la filosofía de que los aspectos negativos no restan si no que suman experiencias al viaje, haciéndolo siempre más inolvidable.

Por la tarde-noche después de descansar un par de horas, salimos a cenar a “China Town”, pero por el camino nos sedujo la idea de tomarnos una cerveza en una de las terrazas que había camino del metro. No hay nada como estar tres meses sin salir de la India para considerar un lujazo algunas cosas tan tontas con esta.

Y allí, tomándonos la rica “Tiger” (cerveza autóctona), nos hicimos unos “coleguillas” que se empeñaron en invitarnos a beber más, de modo que alargamos un rato en compañía de estos chicos y la camarera (que parecía la versión asiática desmejorada de las camareras de “Hooters”).

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Gracias a la amabilidad de esta gente, o por culpa de ella, salimos de allí bastante “contentillos” y cuando llegamos a China Town estaba ya prácticamente todo cerrado. Así que después de encontrar un restaurante que nos diese de cenar volvimos rápidamente para no perder el último metro al hotel.

Al día siguiente fuimos a visitar la zona de la bahía. Desgraciadamente no hacía un buen día y se puso a llover cuando íbamos a entrar en “los jardines by the bay”. Como no llevábamos nada para protegernos, nos empapamos de arriba a abajo.

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La tormenta duró más de lo esperado, y tuvimos que hacer tiempo en un centro comercial. El típico en el que no puedes permitirte comprar en ninguna tienda, ya sabes, ese mismo. Así que hicimos un intento de ir al casino, pero no llevábamos los pasaportes encima, otra putada más para añadir al carro junto con el hotel, las putas y la lluvia.

Cuando se despejó un poco y estábamos ya más secos, subimos al edificio más alto de la ciudad. Un hotel de 56 plantas, y más de 200 m, situado dentro del complejo “ Marina Bay Sand” creado por la misma compañía del famoso “Eurovegas” Curioso, ¿no?. El complejo es desmesurado, pero las vistas desde la proa del barco-terraza, son increíbles. De hecho nos dieron para hacernos un book para cada uno. A su lado la noria-mirador, que dicen que es la más alta del mundo, era de risa. Eso sí costaba más de veinte dolares subir hasta el barquito, así que podéis imaginaos lo que costaría una habitación.

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Después de allí fuimos a ver el espectáculo de luces que tiene lugar cada noche en la “Fountain of Wealth”. El show (si se puede llamar así) no esta mal para ser gratis, pero era completamente prescindible. Sin embargo fue interesante ver las dimensiones de la fuente. Es comprensible que ganase un record guiness, pues es verdaderamente inmensa. Aunque a decir verdad, ¿qué no lo es en esta ciudad?

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Por la noche después de cenar de nuevo llamémosla “comida de palillos”, volvimos al hotel, donde caímos literalmente rendidos.

El domingo, nos levantamos sin ninguna prisa, y después de hacer el check-out y de despedirnos de nuestro “puti-bar barra libre de desayunos”, fuimos a visitar Little India. Llamadme masoca, lo entenderé, pues no tengo excusa ni perdón. Dos días fuera de la India y necesito mi dosis. Indios, colores, olores, ofrendas…, es todo lo que podías encontrar de mi país de residencia, en aquel coqueto barrio. Nada de basura, caos, ni fauna callejera.

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Por supuesto la comida prefería reservármela para hacerla fuera de allí, así que aprovechando que queríamos visitar “Orchard Road” (la calle de tiendas más importante de la ciudad) nos despedimos de los tamiles con un “hasta luego” que no “hasta nunca” y salimos de “Little estafa”, para adentrarnos en la calle del auténtico consumismo. Malls, malls y malls. Todo ya por su puesto decorado con sus imponentes árboles de Navidad, trineos & company. Es lo que más me sorprende en estos países, que aunque haga 30º y uno vaya en pantalón corto y tirantes, la Navidad de Papa Noel llega igualmente a la ciudad, o al menos al “Corte Inglés” asiático.

Haciendo caso a las recomendaciones de que la electrónica es tan barata, y sucumbiendo así al consumismo del lugar, compré una lente para la cámara y un mp3 para correr, que no sabría si calificar de “timo” o de “ganga”. Lo de la electrónica nunca fue lo mío.

Y después de satisfacer mi “yo” carnívoro comiendo un suculento pato asado con tallarines, fuimos a que nos diesen un masaje de pies (caro en comparación con Tailandia), recogimos las maletas y salimos para el aeropuerto.

Es una ciudad que puedes ver en dos días, pero si lo que buscas es una ciudad para vivir, esa puede ser Singapur. Es moderna, bonita, limpia, manejable, con un clima agradable, gente amable, con gran oferta cultural y de ocio, a la última en tendencias, con amplia oferta gastronómica. Una ciudad segura, donde puedes vestir como quieras, beber alcohol y encontrar un puesto de trabajo. ¡Ojo que no os quiero vender la “lotto”! 😉

Incluso me estoy planteando que podría ser nuestro próximo destino. Me detiene que esté tan lejos de casa, si no me iba allí a montar un centro de español donde ofrecer clases, talleres de baile y comida española. De hecho ya he reclutado a un par de amigas españolas que se vendrían conmigo sin pestañear. Lo llamaría “España y olé” ¿qué os parece? …,ya os diré.

Si tenéis oportunidad, id a visitarla. Eso sí, dejaros los chicles en casa, que está penalizado su consumo. De hecho lo podéis encontrar junto con “dar de comer a las palomas” en la lista de “las cosas más curiosas prohibidas en el mundo”.

 

¡Disfrutad del fin de semana!

 

 

SOUNDER EXPERIENCE

8 Ago

Como sabéis, aquí sigo en España dando un poco de guerra entre familiares y amigos y aprovechando el tiempo lo mejor que puedo, porque en poco más de tres semanas estoy volando para Chennai (¡dios!)

No me puedo quejar, por que estoy viviendo una vida cuasi utópica, en la que mi mayor preocupación es ver a todo el mundo y estar en todos los “fregaos”, sin embargo ya voy teniendo ganas de volver con mi chico, y rehacer lo que hasta entonces estaba siendo mi rutina (escribir, orfanato, inglés, yoga, clases de español…)

En las últimas semanas, además de hacer una visita express a mis tíos y primas en Alcoy, estuve en el Arenal Sound, y aunque de primeras me resultaba un tema baladí para comentaros en el blog, se me ha ocurrido que podía ser interesante hacer una crítica del lugar basada en mi experiencia.

Principalmente voy a hablar del camping del festival, al cual apodé rápidamente “Campamento Krusty”, nombre que para los seguidores de los Simpsons os traerá rápidamente a la memoria un lugar al que Bart y Lisa estaban deseosos de ir y en el que más tarde acaban pasando penurias.

Y es que para muchos es un sueño, para otros puede acabar convirtiéndose en una pesadilla, y si no que le pregunten a mi amiga Carol. Irte al camping de un festival con veinte años es toda una aventura, con veinticinco es una anécdota para el recuerdo…, pero cuando te acercas a los treinta, todo se complica. Hay que pensar que la capacidad de tolerancia es inversamente proporcional a nuestra edad, o mejor aún, inversamente proporcional a nuestra situación económica. . ¿Por qué vas a estar incómoda en un camping si te puedes permitir un apartamento?

El “Glamping” donde estábamos nosotras o camping para sibaritas  (jajaja) te ofrecía tienda ya montada con capacidad hasta cuatro personas, con esterilla, linterna, candado, seguridad y limpieza de las zonas comunes.

En primer lugar y haciendo referencia al hecho de la capacidad de las easy-tents, debo decir que cabrían cuatro personas si les amputaran los miembros y/o previamente les metiesen en una máquina reductora.

En cuanto a la esterilla, linterna y candado es cierto que nos lo dieron, pero si en aquel lugar había limpieza, que baje dios y lo vea. Solo se podía entrar con pulsera, pero ahora entiendo que más que por un tema de seguridad era para que los que pagaban menos que tú por estar en el camping normal, no entrasen y te dijesen que tu camping era un estercolero, como me ocurrió.

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En fin, por suerte las duchas conjuntas congeladas, los polyklin, el no tener electricidad y el calor lo compartíamos todos como buenos hermanos, ya estuviésemos en el camping del Arenal, Malvarrosa o en el Glam. Eso sí, para quien estuviese dispuesto a pagar siempre te ofrecían comodidades, como los baños de cagada a un euro o cargar el móvil por dos. ¿Os imagináis cuanto sacó el festival solo con esto?

Pero de todo, de todo, de todo, lo más duro fueron las caminatas. El primer día uno se lo toma con alegría. “…–¡Se nos va a hacer un cuerpazo!” El segundo día después de haberte acostado a las 8 de la mañana y dormir a penas un par de horas a causa del calor o del despertador humano/ grito de guerra del festival (bukake), ya empieza a tocarte las narices el hecho de que los conciertos estén a media hora del festival.

Sin embargo, y a pesar de todas estas críticas al campo de concentración/camping del arenal, tengo que decir que no me lo pasé bien, si no lo siguiente. Que tuvimos unos vecinos extraordinarios que nos aguantaron y nos invitaron a beber, que vi conciertos increíbles, que me reí y canté hasta quedar sin voz, que bailé hasta casi hacerme un esguince, que conocí a gente majísima y resistí los cuatro días como una campeona. Y si me preguntan, ¿volverías a hacerlo? respondería que sí.

¡Bukakeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!

PD: Aquí os dejo una recopilación de fotos de algunos de los mejores momentos.

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