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IBA TAN CIEG@ QUE…

22 May

así es como empieza todo. Bueno, no todo. Me refiero más bien a esas anécdotas que una servidora considera que son dignas de recordar. Por ello, entre otras cosas, decidí crear esta página.

¿Objetivo? Que historias tan grandes no caigan en el olvido, que habléis sin pelos en la lengua, que os sintáis identificados con otras locuras, pero principalmente, sacaros una sonrisa.

Es cierto que muchas de las historias que cuento son mías, y no soy de tener miedo al “qué dirán”, pero puesto que mi padre ya ha amenazado con cambiarse el apellido, no voy a entrar en detalles a cerca de cuales me corresponden y cuáles no.

Me encantaría que esta página fuese el fondo de pantalla en vuestros días de resaca. Y cuando un domingo tirados en vuestros sofás os acordéis de la que liasteis la noche anterior lo compartáis para que todos podamos reírnos con vosotros. Recopilemos juntos historias para que no caigan en el olvido. ¿Os animais?

La idea en sí, me surgió después de “liarla parda” el sábado, pero dejaré los detalles para la página: iba tan ciego que…

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Y por lo demás, fui con Víctor a ver la actuación de “Hot steps”que me pareció muy entretenida, aunque no precisamente profesional, si no más bien una función escolar. Y por supuesto durante la misma acontecieron muchos de los tópicos indios: tarde, desorganizado, música excesivamente fuerte…

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El lunes empecé con las clases de baile. Y puesto que elegí rock and roll, nos pasamos la hora haciendo una coreografía de Grease. ¡Qué torpecita soy con los pasos! Allá donde hay que poner la derecha siempre pongo la pierna izquierda. Este no es país para lefties. Bueno, ni este, ni ninguno. En este tipo de cosas seguimos siendo unos incomprendidos. Para alumno zurdo, profesor zurdo. Así debería ser.

Pero bueno, el miércoles una amiga decidió acompañarme y le pedimos que nos enseñase bolliwood. Y entre risa y risa medio hicimos la coreografía. Y así va a ser a partir de ahora, lo cual me hace ir mucho más motivada, la verdad.

También he empezado a ir a clase de inglés en una academia que ya conocía cerca de casa. Estoy el nivel más alto, el tres. Y si no fuese por que tanto el horario como la ubicación son perfectos, hoy mismo me habría ido en mitad de la clase.

Empezando porque la profesora tiene un marcado acento indio y explica en “hindi” o “tamil” a los compañeros que tienen dudas, que el 70% del tiempo lo pasamos copiando gramática de la pizarra y acabando porque cada vez que oigo a mis compañeros no sólo desaprendo inglés si no que una neurona muere dentro de mi.

De verdad, no exagero. Creo que mi asistencia no es fructífera para ninguna de las dos partes. Para la profesora desde luego no, ¡pobre!. No lo he podido evitar y ya le he puesto en duda su sistema educativo en dos ocasiones, pidiéndole que por respeto se dirija todo el rato en inglés a nosotros, y ofreciéndome a hacer fotocopias para no copiar los fragmentos de ese antiguo testamento que hace llamar libro de inglés.

La mujer se defiende diciendo que tiene mucha experiencia. Eso seguro, si todos los profesores aquí son como ella empezaría a entender muchas cosas. Sin embargo es simpática, amable y me aguanta con filosofía. Así que seguiré yendo. Por eso, y porque me han pillado por banda para que pague. No está bien visto hacer clases de prueba durante toda una semana.

Y además de todo eso, sigo ejercitando mi faceta literaria. Esta vez he escrito un cuento llamado “La hija del planchador” inspirado en la India, que podéis encontrar en el apartado de Picuentos.

Los únicos planes que tengo de momento para este fin de semana son: quedar de nuevo para a ver el partido de la Champions (plan que obviamente surge de mi novio), ponerme al día con GOT (Juego de tronos) y reunirme con mis ex-compis del British Council para comer.

¡Disfrutad de vuestro finde!